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Por lo general se suele ponderar al optimista como a una persona envidiable a quien incluso se debe emular.

Al menos en cuanto a expectativas favorables se refiere. Es frecuente oír que los optimistas conforman una especie de tropa o falange de ingenuos que apuestan siempre por los finales felices. Se les reprocha que no se toman la desesperanza y la falta de ilusiones muy en serio, y que en ocasiones abruman con su exceso de seguridad.

Por su parte, ellos critican a los pesimistas con su eterno derrotismo y postración.

El vanidoso—con algunas salvedades—, tiene un poco de matiz del optimista puesto que su fuerte creencia en sí mismo lo impele a tener el triunfo por seguro. La persona vanidosa gusta del halago y de preferencia el reconocimiento público, lo cual le hace propenso a una actitud radiante y satisfecha, exudando optimismo por todas partes.

Una característica que suele ser común entre una naturaleza optimista y una vanidosa es la  superlativa confianza en que todo va a salir bien, a pedir de boca. Uno cree que todo resultará a la perfección y el otro considera que siempre está en lo cierto. Todo ello nos conduce a la siguiente premisa conclusiva: el optimista y el vanidoso prácticamente erradican al Azar de sus vidas. Ambos piensan que las cosas “tienen” que resultar según su conveniencia por una causa sobrenatural y no por una razón plausible.

La manera de proceder del optimista (“el vaso medio lleno”) y del vanidoso (“a mí siempre me salen bien las cosas”), no es mejor que la del pesimista quien también incurre en más de una falta al negarse la posibilidad de que algo tenga un desenlace positivo.

La gravedad de tema se acentúa cunado se ven las cosas de una manera monocromática, siempre del mismo color.

Lo más importante de todo es darse cuenta que nuestra actitud individual, ya sea positiva o negativa, no va a transformar nunca al mundo ni las circunstancias que lo rigen. Modificará en todo caso nuestro devenir cotidiano de un modo algo truculento y en todo caso rodeado de espejismos. La vida es como es, y así con esta afirmación pueril y redundante es como salimos a la calle a interactuar con la existencia y nuestros semejantes.

La conducta optimista —la mayoría de las veces impostada— de las redes socialesse parece mucho a la vanidad y parece estarle haciendo el juego al consumismo con su sonrisa fingida.