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No es raro que una persona redacte una lista de sus sueños por cumplir, así los mantiene vigentes y los vigila desde su muy particular perspectiva. Por supuesto, el inventario en cuestión puede tener tachaduras y adiciones así como enmiendas. Soñar dormido o despierto es síntoma de que se tiene sangre corriendo por las venas, de que nuestras neuronas y vísceras están calientes así como en óptimas condiciones para configurar ilusiones. Acaso se trate de sitios por conocer, puestos en el trabajo por alcanzar, bienes que se desea conseguir, enfermedades o malestares que se quieren erradicar, aventuras o desafíos por emprender,o bien, caprichos en apariencia insignificantes que se quiere consumar para darle gusto al ego. O Tal vez alguien con un gran amor por la ciencia o la historia persiga utopías más intelectuales y humanistas como dar con la momia de la reina egipcia Nefertiti, diseñar un invento que permita la erradicación definitiva de los combustibles fósiles o desarrollar una teoría menos abstrusa sobre el origen del universo. Muchas grandes acciones comienzan en forma de sueños, lo importante es tacharlos de la lista pero no porque se cambie de opinión sino porque uno ha logrado satisfacerlos. Se han hecho realidad, materializándose gracias a nuestros esfuerzos y dedicación. Cuando se tienen sueños —por lo menos uno—, pueden ocurrir dos cosas: o quien lo tiene se la pasa acariciándole el lomo sin hacer otro esfuerzo más que eso o bien, lucha contra todo por volverlo real y tangible. Para alcanzar un sueño se requiere firmeza de carácter y perseverancia. Es necesario tener en cuenta que las cosas no llegan de inmediato por mucho que uno las desee: lo mejor es cosechar un sueño en su punto maduro, no cuando aún está verde o ya es demasiado tarde. Para cumplir un sueño es necesario cierto grado de estoicismo, estudiar el camino para llegar a él, educarse uno mismo para no caer en desviaciones y —muy importante— con compararse con aquellos que han consumado sus quimeras antes que nosotros. Tener sueños es tener propósitos, y lo más gratificante de ellos no se mide por lo que se logra, sino por los escollos que se vencen y superan. Es uno mismo quien escoge la manera en que se regirá la vida propia y cómo impactará en la de los demás. Esas decisiones son las que dan el sentido a nuestra estadía en la Tierra. Si un sueño no se cumple, por lo menos uno tuvo adónde apuntar.