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Es cierto que a menudo uno no se tiene confianza a sí mismo, en especial en los momentos difíciles, en las encrucijadas y coyunturas que demandan atributos que uno piensa que no tiene.

Con más frecuencia de la que cabría esperar, uno mismo se descalifica se auto excluye por desconfiar de la capacidad y las fuerzas propias. Sin embargo, creer en uno mismo es una de las actitudes más eficaces para lograr vencer obstáculos y llegar al triunfo. No es que se trate de una hazaña o del logro de un imposible, es tan solo lo que debe ser. Lo que se necesita para obtener cuanto se desea: la mente es muy poderosa. Hay que tenerlo muy presente. Si uno no cree en sí mismo, nadie más lo hará.

El creer en las capacidades y talento propios es vital. Todo el mundo es bueno “para algo”, todos sabemos hacer algo bien. Cuando uno repasa y piensa en cuántas cosas se han dejado de hacer por no confiar en que se es apto, se da cuenta de cuántas oportunidades se han dejado ir, cuántos caminos sin recorrer. Las dudas son malignas e infunden un miedo espeluznante. Provocan el surgimiento de complejos que inmovilizan. Todo ello causa una actitud estática que convierte en estéril todo aquello que tocamos.

Es crucial creer en uno mismo. Incluso ante el hipotético caso de que encontrásemos a alguien con toda la fe puesta en nosotros (las madres suelen tenerla), no será válido si no se empieza por uno mismo. De nada sirve que te digan cuanto vales si no desarrollas esa cualidad que empuja a todos aquellos que acometen grandes empresas.

Aunque parezca inverosímil, tener confianza en uno mismo es algo que se puede aprender. Es como aprender a pintar, hablar otro idioma o cocinar. Si empiezas a aprender algo es porque confías en que puedes lograrlo. Si no confías en ello no conseguirás nada y te quedarás con las manos vacías.

Si crees en ti, lavida podría darte un revés y puede ser que tampoco logres tu objetivo, pero no te habrás negado la oportunidad de intentarlo. Es cierto, se necesita mucho esfuerzo y entrenamiento para ello. Todos nosotros contamos con una voz interior que no se cansa de recordarnos nuestras limitaciones, nuestros miedos, que reproduce todas las críticas que almacenamos en la infancia y la adolescencia. Lo importante es hacerle frente a ese “Yo negativo” y reafirmarse con las cosas buenas que poseemos. Recordemos el bello pensamiento:

«Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento»

-Eleanor Roosevelt-