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Al hablar de meditación lo primero que nos viene a la cabeza, es la imagen de una persona sentada en posición de loto, con los ojos cerrados y respirando con la mayor quietud posible. Desde luego, con las manos sobre las rodillas uniendo el pulgar y el índice en la clásica actitud que para muchos es símbolo de petulancia o de fanfarronería extrema. No es extraño que esta actividad sea vista como un mero truco de gurúes tramposos o una artimaña de ascetas contemplativos que buscan timar al prójimo. Postura del cuerpo aparte, la verdad es que la meditación es un concepto un poco abstracto ya que cada persona la vive de manera muy particular. Para cierta gente es un método de conseguir tranquilidad erradicando el estrés cotidiano, para otros es una forma de encontrar cierto equilibrio espiritual mientras que para una gran variedad de sus practicantes tiene connotaciones religiosas. A quienes toman a la meditación con un dejo de burla e incluso la juzgan con ligereza o desdén, hay que hacer de su conocimiento que los beneficios y efectos de la misma están científicamente comprobados: aumenta el grado de conciencia, estimula áreas del cerebro destinadas a la felicidad, desarrolla el lado creativo de un individuo, multiplica el coeficiente intelectual y vigoriza el sistema inmunológico entre otros frutos de provecho que posee. Cada persona puede recurrir a la meditación con propósitos distintos. Se puede buscar cierto grado de misticismo para fortalecer el nivel de conciencia y conseguir una comunión con el Todo y el Universo. También es posible obtener un simple descanso del cerebro para acallar la mente y liberarla de las preocupaciones cotidianas. Al meditar es posible conseguir cierta purificación que fomenta la creatividad al limpiar el espíritu de zonas infectadas por los incidentes perniciosos de la existencia diaria. Cualquiera que sea el motivo por el cual una persona desea entregarse a la meditación, el resultado siempre es el mismo: un estado físico y mental que proyecta serenidad, paz interna, concentración y mucha creatividad. La meditación tiene efectos fisiológicos muy específicos en nuestro organismo. A los que exigen pruebas científicas de tales beneficios en nuestro cuerpo, de seguro les gustará saber que existen estudios clínicos que muestran de modo fehaciente que mejora la memoria, alivia los trances de ansiedad y los síntomas de depresión, reduce la hipertensión y mejora el flujo sanguíneo. Tal vez uno de los más grandes privilegios que brinda es la potenciación de la felicidad.