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No hay cifras oficiales de cuántos inmigrantes han obtenido su residencia casándose con su pareja del mismo sexo

Cuando La Persona recibió un sobre del Servicio de Ciudadanía y Migración (USCIS), no quería ni abrirlo. Nervioso, lo mantuvo en sus manos por un largo rato.

“Mejor ábrelo tú”, le dijo a su esposo
 “¡No! ¡tú tienes que hacerlo”, le respondió su cónyuge.
Al armarse de valor y abrir la carta, se encontró con lo que anheló por 23 años: su tarjeta de residente (green card).
“Sentí que recuperé mis alas. Volví a nacer. La green card es uno de los mejores regalos de mi vida después de tanta espera, tantos sueños y sacrificios. Ahora siento que el cielo es el límite”, dijo  tras recuperarse del fuerte llanto que le produjo recordar el momento en que por fin se hizo residente.

Y fue apenas hace un mes que recibió su tarjeta verde.
El Esposo, de 40 años, vino de Guadalajara, México, a los 17. De inmediato se puso a trabajar como estilista, un oficio que ejercía desde los 12 años en México.
En 2014, le propuso matrimonio y se casaron el 6 de junio de 2015. A finales de ese mismo mes, el 27 de junio, la Corte Suprema de Estados Unidos determinó que el matrimonio del mismo sexo era legal en todo el país.
Un mes después, en julio de 2015, el Departamento de Justicia confirmó que las parejas casadas del mismo sexo recibirían todos los beneficios federales sin importar el estado donde residan.
“Fue algo maravilloso lo que hizo la Suprema Corte y la administración de Obama que nos hayan tomado en cuenta. Las parejas del mismo sexo anhelamos, sufrimos y tenemos derecho de ser felices”, observe El Esposo.
Con la confianza de que ya tenían los mismos derechos que los casados heterosexuales, Encinas -ciudadano estadounidense nacido en el Valle de San Fernando- solicitó la residencia de su esposo Juan Carlos Barboza.
“Todo el proceso para que le dieran la tarjeta verde duró un año”, observó Encinas.
La Pareja señaló que la entrevista en el Servicio de Migración fue muy profesional.
“Yo me sentía nervioso, pero la oficial era una latina que, aunque nos cuestionó intensamente, fue muy precisa y justa. A la semana de la entrevista, recibí mi tarjeta de residencia”, comentó.
Encinas, quien trabaja como vendedor profesional, dijo que él tenía mucha fe en que le dieran la residencia a su esposo.
“No tiene ningún antecedente criminal. Es gente de bien. Pagaba impuestos con su número de identificación de contribuyente individual (ITIN). Es propietario de su propio negocio desde 1998”, observó.
Claire Nicholson, portavoz de UCISS, dijo que no llevan estadísticas de las parejas casadas del mismo sexo que han solicitado la residencia permanente de sus cónyuges.
“Nosotros solo preguntamos si están casados o no”, observó.
El mismo proceso
Eric Price, abogado en migración, dijo que UCISS no hace distinción entre parejas del mismo sexo y heterosexuales, y por eso es que no hay un seguimiento.
“A migración lo que le interesa es que el matrimonio no sea una mentira o sea arreglado sino real”, subrayó.
“Las parejas del mismo sexo que se casan y en el que uno de ellos no tiene estatus de migración en el país deben seguir el mismo proceso que una pareja casada heterosexual para solicitar la tarjeta de residente”, comentó el experto en migración.
Añadió que el único requisito es que uno de los dos sea ciudadano o residente permanente, no tengan antecedentes penales, paguen sus impuestos y por supuesto que estén casados.
“Obtener la residencia se puede tomar un par de años”, estimó.
A los matrimonios del mismo sexo donde uno de ellos no tenga papeles, les pidió que no tengan miedo, que salgan y busquen un abogado de migración con experiencia.
“A nivel federal, ya tienen los mismos derechos que una pareja casada heterosexual”, destacó. Y resaltó que también pueden solicitar una visa para su prometida o prometido que se encuentra en otro país, y con quien planean casarse.

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