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Nadie cree más en América que quienes lo arriesgan todo para venir”. En un momento político en el que el candidato republicano a la presidencia, Donald Trump, asciende políticamente sobre una plataforma que incluye duras críticas a los inmigrantes, crear muros y deportar masivamente, Julissa Arce se ganó con ese comentario un sincero aplauso de su audiencia. Ocurrió la semana pasada mientras esta mexicana, ex empleada de alta responsabilidad en Goldman Sachs y Merril Lynch, presentaba My (underground) American Dream (Entre las sombras del sueño americano) en Nueva York.

Es un libro en el que Arce cuenta cómo ella arriesgó. Este año votará por primera vez en noviembre pero mientras manejaba complejos productos financieros en Wall Street, Arce escondía el secreto de ser indocumentada. Lo fue durante 15 de sus 33 años.

Cuando era una adolescente se le venció la visa de turista con la que estaba con su familia en San Antonio (Texas) pero a pesar de ello fue admitida en la Universidad de Austin, algo que pudo pagar con la ayuda de sus padres y un programa del estado.
En vez de regresar a México con sus padres decidió comprar un green card y número de seguro social falsos. Con estos dos cruciales documentos terminó trabajando en Goldman Sachs donde fue escalando posiciones. Es algo difícil para una mujer y latina. Impensable para alguien con su situación migratoria. “Mi mamá siempre me animó y me dijo que era capaz de hacer lo que yo quisiera. Me lo tomé en serio”

Una motivación positiva pero en el primer capítulo del libro cuenta cómo llegó a Nueva York y poco antes de empezar a trabajar sufrió un ataque de pánico que confundió con un infarto y la llevó al servicio de emergencias de un hospital.

Es así como comienzan unas memorias cuyo objetivo es que el lector se pregunte “qué haría en mi lugar”, explica. “Todo el mundo tiene que tomar decisiones que no son fáciles porque las opciones son difíciles”, razona esta mujer que lamenta no haber tenido “un camino legal para conseguir mi sueño”.

Ni se imaginaban

En entrevista con este diario, Arce dice que no cree que su historia sea única por más que haya tenido una carrera de éxito en Wall Street porque otros indocumentados como el Pulitzer José Vargas o el neurocirujano Alfredo Quiñones, han conseguido metas y reconocimientos, como ella, siendo indocumentados. No obstante, reconoce que en su sector su estatus migratorio pudo pasar desapercibido “porque cuando se piensa en indocumentados, la mayoría trabaja en restaurantes, cuidando de nuestros hijos o en los fresales en California, esa es la imagen. Cuando me presenté a este trabajo a nadie se le iba a pasar por la mente que yo pudiera serlo. Ni se imaginaban. Y eso me ayudó mucho porque al dar mis papeles, si no se veían bien al 100% nadie los ponía en duda”.

Con todo, esta mujer asegura que el corazón le latía a cada rato. “Pensaba, hoy va a ser el día que se den cuenta de que mis papeles son falsos”.
Ese día estuvo cerca cuando el IRS le envió una carta pidiendo clarificaciones a ella y a su empresa sobre su número de seguro social que no era el mismo que tenían en sus archivos. “Fue un miedo horrible pensar que la carta llegó a la empresa y que alguien iba a hablar conmigo. Pero pasó una semana, dos, tres y nunca nadie me llamó. Entonces puse [el episodio] en un armario físico y otro mental”.

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